La Dueña del Edificio

El agua fría empapó de golpe el cabello y el abrigo negro de la señora mayor, mientras las risas burlonas de la joven empleada y su compañero resonaban en la entrada del imponente corporativo.

—Ahora también tienes agua gratis —exclamó la mujer con total desfachatez, creyendo que podía humillar a una persona indefensa sin enfrentar ninguna consecuencia.

La señora mayor se incorporó despacio, con la mirada seria y el rostro empapado, manteniendo una compostura que desconcertó a los presentes. Justo en ese momento, un hombre vestido con un traje formal y un audífono de seguridad se acercó con paso firme, deteniéndose respetuosamente frente a ella.

—Señora Vega, el consejo directivo la está esperando —anunció el jefe de seguridad con total formalidad.

Las risas de los dos empleados se apagaron de inmediato. El color se desvaneció del rostro del hombre y la mujer que la habían agredido al escuchar el apellido Vega.

—¿Trabajan aquí? —preguntó la señora Vega con voz gélida, mirando directamente a los dos jóvenes que ahora temblaban del pánico.

La empleada intentó balbucear una excusa absurda, pero la dueña levantó una mano, deteniéndola en seco con una autoridad implacable.

—No quiero blablablá de cómo tratan a quien creen que no tiene poder —sentenció la señora Vega, mientras la puerta del vehículo de alta gama se abría para marcar el final de la carrera de ambos en el corporativo.

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