El precio del respeto tras las rejas

El calor del patio de la prisión golpeaba con fuerza sobre el suelo de concreto, pero la tensión alrededor de la mesa de metal era aún más abrasadora. El recluso de cabeza rapada y múltiples tatuajes en el rostro, flanqueado por varios compañeros corpulentos, mantenía una sonrisa burlona mientras se dirigía a la joven con total insolencia.

El novio, enfundado en su uniforme naranja y con la sangre hirviéndole por las venas, se puso de pie de un salto. Sus manos se cerraron con fuerza en un puño, dispuesto a enfrentar al peligroso líder de la pandilla que se habíatrevido a faltarle el respeto a su visita.

¡Suéltala! —gritó el joven con una furia incontrolable, interponiéndose entre el recluso y la chica, mientras la mirada desafiante de ambos pandilleros medía cada uno de sus movimientos en busca de una debilidad.

Los murmullos y las risas socarronas de los demás internos cesaron de golpe cuando el recluso mayor se inclinó hacia adelante, encarándolo cara a cara con una sonrisa cínica, desafiándolo a cruzar la línea dentro de un territorio donde las reglas las ponían ellos. La joven, sentada en la banca y con el corazón en la boca, observaba aterrada cómo la situación amenazaba con desatarse en una pelea campal bajo la atenta mirada de las altas torretas de vigilancia.

Justo en el momento en que la tensión alcanzaba su punto límite y los músculos del joven se tensaban para lanzar el primer golpe, el eco estridente del silbato de un guardia resonó por todo el patio.

¡Sepárense ahora mismo o habrá consecuencias graves! —exclamó un oficial de la prisión, avanzando a paso veloz con la porra en la mano y flanqueado por refuerzos armados.

El líder pandillero dio un paso atrás de mala gana, soltando una risa seca y amenazante antes de retirarse lentamente, no sin antes lanzarle una última mirada de advertencia. El joven exhaló profundamente, regulando su respiración mientras volvía la vista hacia su pareja, sabiendo que, aunque la autoridad había evitado el enfrentamiento en ese instante, las reglas del penal cambiarían para siempre y su vida allí dentro ya no volvería a ser la misma.

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