La prueba definitiva

El ambiente en la habitación del hospital era asfixiante. Carlos se cernía sobre la cama de Rebeca, con el rostro desfigurado por la rabia y la desesperación, tras escuchar la confesión de que cada palabra amenazante sobre su hijo y su embarazo había quedado grabada.

—¡Borra eso ahora mismo! —exclamó con una furia descontrolada, dando un paso al frente con la intención de abalanzarse sobre ella y arrancarle el teléfono de las manos.

Pero Rebeca, a pesar de los golpes, los hematomas y la vía intravenosa en su brazo, mantuvo el dispositivo en alto con una firmeza implacable. Sus ojos, aunque cansados, brillaban con una determinación feroz que detuvo a Carlos en seco.

—Ya es demasiado tarde, Carlos. Todo está registrado: tus amenazas, tus planes y lo que intentaste hacer. Mi hijo y yo ya no estamos solos, y esta vez la justicia hablará por nosotros.

El sonido de unos pasos firmes y apresurados resonó en el pasillo justo antes de que la puerta de la habitación se abriera de par en par. La policía, alertada por la transmisión en tiempo real de la grabación, ingresó al lugar para poner fin a la pesadilla, dejando al agresor sin escapatoria

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