
El Reencuentro del Destino: La Segunda Parte
El silencio que se apoderó de la acera tras la desgarradora pregunta del niño fue profundo y ensordecedor. Con el corazón destrozado y las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas, la mujer se quitó las gafas oscuras y se arrodilló por completo sobre el pavimento, quedando a la misma altura del pequeño.
—Sí, mi amor… eras tú, eras mi hijo —logró articular con la voz temblorosa, mientras extendía sus manos temblorosas para acariciar el rostro sucio y lastimado del niño.
El hermano gemelo, con el impecable traje negro, se acercó lentamente y se hincó junto a ellos, observando el medallón dorado que los volvía a unir después de tantos años de dolor y búsqueda infructuosa. La fría y concurrida ciudad pareció detenerse en ese instante preciso. La madre, arropando a ambos niños entre sus brazos, comprendió que el milagro por el que tanto había rezado finalmente se había cumplido: la familia que creía rota para siempre estaba, por fin, completa de nuevo.